lunes, 6 de enero de 2014

Última clase con Pippa; mejorando paso a paso.

Desde hace cosa de un mes más o menos, a sugerencia de Natalia he empezado a trabajar con Pippa, aquella poni que rescataron del monte, donde deambuló sola y sin rumbo durante cinco o seis meses.
Después de un período de recuperación, en el cual engordó y se acomodó a su nueva casa, la empezaron a montar, pero no parecía muy segura: no hacía caso a las ayudas del filete, a ninguna ayuda en general jajaja y bueno, por ello le decidieron trabajar a parte, la propia Natalia, Silvia y luego a la cuerda.
Poco a poco la poni fue cogiendo algo de control (aunque poco) y era "montable" por lo menos; eso sí, pie a tierra, dentro de su cuadra, era la cosa más desconfiada y miedosa del mundo, pero se le veía buen carácter.
Entonces me animé a probarla y nos pusimos a trabajar.
La del pasado jueves fue nuestra última clase hasta ahora (llevo con ella cuatro o cinco, no recuerdo bien) y el cambio de ésta a la primera es impresionante, tanto ella como yo, osea las dos en conjunto.

Antes de montar (preparándola en la cuadra y así), decidí de nuevo no atarle la cara, darle el voto de confianza, a ver si no me intentaba morder o escabullirse.
No hay quejas la verdad, cada vez parece más confiada y tolerante.

Bajamos a la pista interior y yo me esperaba el calentamiento habitual, con galopes cada dos por tres y cosas así. Para mi sorpresa, pude mantenerla a paso con algún retrote pero poco más. Si veía que se ponía muy pesada la dejaba trotar un poco para pararla al poco rato y luego sin problema.
Para esta clase le había puesto las riendas fijas de goma, para pararla mejor y que así vaya trabajando algo el dorso y cuello.
 La parte de trote fue muchísimo mejor de lo que esperaba, se ve que con el tiempo nos vamos conociendo mejor y ya la voy pillado el tranquillo con las ayudas de pierna.
Conseguimos llevar un trote suave pero activo la mayoría del tiempo, haciendo círculos y cambios de mano intentando utilizar mayoritariamente las piernas y genial, la yegua respondía perfecta.
En una, salió a galope en una esquina, pero de tan bien u relajada que salió, Víctor dijo que se lo continuase y el resto se puso a galope suave también. Me quedé pasmada al ver lo sumamente bien que iba, pausadita y concentrada. Cuando alguien se nos pegaba un poco detrás, subía un poco el ritmo, pero por individual iba espectacular, hasta el propio Víctor se sorprendió jajajajaja.
Luego alargamos algo el galope y también muy bien, respondiendo genial a las ayudas y sin quejas.
Al acabar esta primera parte de galope, Víctor le quitó las riendas fijas a ver que tal se portaba.
Yo me esperaba que subiera la cabeza hacia arriba como un camello (que era lo que había hecho las anteriores veces sin riendas auxiliares) y que se pusiera en plan insoportable a subir el ritmo al intentar pararla. Vale, pues nada de eso; llevaba la cabeza más o menos normal y seguía tan tranquila como hasta entonces.
Nos pusimos a trote sentado sin estribos, y dejándole la rienda más suelta, bajaba la cabeza y estiraba el cuello, todo sin bajar ni subir de ritmo (aquí ya se me caía la baba). Después, como al resto de compañeras, Víctor me puso a hacer círculos yo sola en X, llevándola sólo con la pierna exterior y las manos muy quitas, únicamente manteniendo el contacto. Lo clavó todo. Después galopamos otro poco y tan bien como antes. Por último enfriamos a paso y ya fue algo como, relajación máxima, estiró el cuello y tan tranquilita.

En esta clase acabé contenta no, lo siguiente. No paré de acariciarla en toda la hora, en cada ejercicio lo requería. Clases como esa dan ganas de repetirlas cien veces, y nada, espero que esta semana sea similar :)

#GoPippa