viernes, 18 de septiembre de 2015

Manchitas.

El poni pinto que literalmente me robó el corazón.

Cariñosamente te llamo "wanton boy", adjetivo que te califica a la absoluta perfección.

Si hoy hablo de ti, es por todo lo que te voy a echar de menos. Me marcho fuera para estudiar y no te veré en mucho, quizás demasiado tiempo.
Espero que te acuerdes de mí hasta que vuelva.

Si nos cruzamos, fue por casualidad. No nos encontramos el uno al otro ni fue un flechazo a primera vista.
Sabía que era especial, pero nunca me imaginé todo lo único que podría llegar a ser en el fondo.
Poco a poco lo fui conociendo y me fue ganando con cada gesto. Su forma de ser, muchas veces insoportable, se combinaba con momentos de cariño y complicidad que me demostraron que yo para él también era especial.

Si tuviera que confiarle a alguien mi vida, sería a él, completa y ciegamente.

Para muchos es un desastre con patas, malo o insufrible. Para mí es simplemente lo mejor que algún día pude llegar a tener.

Juntos aprendimos, poco a poco. Con las tardes de desesperación, emoción y liberación.
Juntos sentimos lo que es echarle al viento una carrera y un pulso a la paciencia del otro.
Con él me he sentido orgullosa de mí misma por primera vez.

Manchitas es... ciertamente es indefinible. Nunca he conocido a un caballo tan peculiar como él.
Es algo más que simplemente travieso. Noble cuando tiene que serlo y a veces tan inteligente como estúpido.

Decir que lo quiero se me quedaría corto. Decir que he llorado cuando pensé que lo perdería, también.
Siento que en él he encontrado un alma gemela con la que me entiendo y me veo reflejada como nunca antes me había pasado, y sé que he tenido mucha suerte de compartir estos dos últimos años y medio con él.
Los mejores años.


miércoles, 2 de septiembre de 2015

Verano 2015

Me he dado cuenta de que prometí escribir sobre lo que haría en este verano, y han pasado dos meses y no he escrito absolutamente nada, soy un desastre :')

Tengo excusa, ya que no he parado en casa 2 semanas seguidas y estoy agotada, pero hoy me han entrado las ganas de escribir.

Para empezar, me complace anunciar que, aquel concurso del que hablé a principio de Julio, que competí con Luna, ¡lo ganamos!
No puedo estar más orgullosa tanto de ella como de mí la verdad, porque ni de lejos era la mejor yegua de la prueba y apenas la llevaba preparando un mes, y salió un ejercicio estupendo.



Seguidamente me fui a Granada, al Campamento hípico de Finca Malpasillo, como bien dije, por cuarto año consecutivo.
Como siempre una experiencia genial, con muchos reencuentros.
El más esperado por mi parte, con Presumido, caballo de la ganadería del que llevo enamorada desde el primer año.
Estoy especialmente contenta con cómo lo monté este año, haciéndolo salivar por primera vez en mi vida al segundo día y ganando un concursillo de doma del campamento, a pelo jajajaja. 
Fue sencillamente genial, me llenó un montón ver cómo yo misma mejoré de un año para otro a través de él.

















Y después de ésto, ¡vinieron más viajes! 
Antes de Granada, fui a Madrid, donde conocí a Anne y Clara (así como sus caballos: Chanel, Casper, Choco, Paloma etc etc etc).






Y al terminar el tiempo en Granada, tocó irse a País Vasco a conocer a Jone e Igone, así como a Indi y a Tormenta.
Fueron unos días estupendos rodeados de caballos y personas fantásticas.







Entre medias no puedo olvidarme de la quedada que hicimos para ir al CSI de Casas Novas, en el que nos juntamos un montón.
Aquí conocí a mi querida Marina, de Murcia, con la que comparto un montón de cosas, entre ellas la pasión por la Doma Clásica.




Y tras el CSI, esta última semana de Agosto, otra quedada multitudinaria de gente de toda España (Madrid, País Vasco, Cataluña, Zaragoza...), y todas amazonas y jinetes.

Tengo muchísima suerte de tener un grupo de amigas así. Ya es el segundo año que los kilómetros no son un obstáculo para nosotras, y espero que se alargue por muchos años más.





















Reflexiones

Hoy me apetece compartir con los que leéis mi blog algunas reflexiones y pensamientos que me rondan ahora mismo la cabeza.
Este próximo curso va a significar un importante cambio en mi vida:
He terminado el bachiller y lo que haga a partir de ahora va a encaminar mi futuro, mi carrera y a fin de cuentas, mi vida.
Esta vida que a veces nos sorprende y nos abre puertas de forma inesperada.
Y así como unas se abren, otras también se cierran. Las etapas se suceden y tenemos que dejar cosas atrás.

Una etapa que se cierra en este cambio, es mi etapa en mi club, el Rías Baixas. Espero que no definitivamente, porque por nada del mundo quisiera perder a los amigos y caballos tan maravillosos que he conocido allí, pero sí por un largo período.
En definitiva, mi época de escuela y rutina allí se ha acabado.

Atrás quedan 3 años que no cambiaría por nada del mundo, para empezar, porque gracias a todo lo que he aprendido aquí, he decidido lo que quiero ser y hacer ahora. Me han abierto los ojos a la Doma Clásica, al esfuerzo y a la futura amazona que quiero llegar a ser.
Además, he adquirido una base que espero me ayude en los próximos retos que me vengan por delante, y sinceramente, espero poder estar a la altura de mis grandes profesores, y aquí incluyo a los caballos a los que les ha tocado aguantarme estos últimos años:

A Luna, Jokris, Klad, Pipa, Dreamer, Manchitas. Sin ellos no hubiera sido lo mismo. Me han puesto a prueba, me han reconfortado con buenos resultados en concursos, me han hecho llorar tanto de impotencia como de emoción y alegría, me han ayudado en definitiva a ser quien soy:
A tener paciencia pero sin temblarme el pulso. A ser exigente pero serena. A saber recompensar para ser recompensada. Valores que pienso que todo buen jinete debería tener.

Me emociono al pensar todas las grandes experiencias que he vivido a su lado, al igual que al lado de mis amigos. Can Alzina, los campeonatos gallegos, concursos de años pasados, fiestas de Navidad o las simples chorradas del día a día, que me quedo corta si digo que voy a echar de menos.

Ésta para mí ha sido mi casa estos años, y supongo que nunca dejará de serlo.

Y de cara al futuro, no sé, me da miedo pensar en lo que vendrá.
Es una mezcla entre incertidumbre y esperanza, porque en el mundo del caballo no sólo hay que valer y currarse mucho las cosas, sino tener suerte, mucha suerte.

Sinceramente, me considero una persona afortunada a ratos. Espero que los otras dos factores me valgan para compensarlo.